Hoy te quiero dar una “pedrada” necesaria: Si quieres cambiar a tu equipo, debes estar dispuesto, primero, a cambiarte a ti mismo.
En mis primeros 15 años de consultoría con Gálika, he confirmado una verdad incómoda: el líder es, normalmente, la fuente principal de la problemática y no la víctima de la situación. Tu equipo es un reflejo de tus omisiones, de tus miedos y, sobre todo, de tu falta de enfoque en lo fundamental.
El error de querer correr antes de caminar
Casi todos los clientes llegan a nosotros queriendo mejorar el Desempeño (la punta de nuestro modelo). Quieren más ventas, más eficiencia, más rapidez. Pero el desempeño es una consecuencia, no una causa.
Para que un equipo dé resultados sostenibles, hay que dar un paso atrás y revisar lo que yo llamo la “Canasta Básica”: los tres elementos que sostienen a cualquier grupo humano de alto impacto.
1. Conexión: Antes que roles, somos humanos
Muchos líderes creen que la “seguridad” es un lujo. Timothy Clark nos enseñó que la Seguridad Psicológica es un proceso secuencial: si tu gente no se siente incluida o segura de cometer errores para aprender, jamás llegará a la etapa de retar el statu quo para innovar.
- Tu responsabilidad: Deja de ver a tu equipo como engranajes de una máquina. Sin una conexión humana real y un ambiente de confianza (esa variable que Stephen Covey dice que afecta directamente la velocidad y los costos), no hay resultados que duren.
2. Claridad: El antídoto contra el caos
Como bien señala el experto Jon Katzenbach, la diferencia entre un grupo de trabajo y un equipo verdadero radica en la autonomía y la responsabilidad colectiva hacia un objetivo claro.
- Tu responsabilidad: Asegúrate de que tu equipo tenga certeza en sus cuatro anclas: Objetivos, Propósito, Estrategia y Roles. Si tú no tienes claridad, ellos solo tienen esfuerzos dispersos.
3. Contribución Individual: El talento en su lugar
No se trata de tener a los mejores, sino de tener a las personas adecuadas en las posiciones adecuadas.
- Tu responsabilidad: Fomenta la complementariedad. Un líder que no conoce las fortalezas y debilidades de su gente (y las propias) está jugando a ciegas.

Deja de ser la víctima
Es muy cómodo sentarse a esperar que el equipo “madure” por arte de magia. Pero la realidad es que el liderazgo requiere aceptar “costos” que van más allá de la recompensa económica. Requiere un Propósito de servicio real.
Si dejas de actuar como víctima de las circunstancias y asumes tu rol como arquitecto de la cultura de tu equipo, las cosas empezarán a moverse.
En Gálika tenemos el mapa para acompañarte, pero el primer paso frente al espejo te toca a ti.
Porque recuerda: esos equipos no se van a acelerar solos.




