Inteligencia Apreciativa: La otra IA

La inteligencia artificial ya no es el futuro. Está aquí, redacta, resume, calcula, analiza, diseña y propone. Se usa más de lo que crees. En muchas organizaciones se ha convertido en una herramienta muy poderosa para ahorrar tiempo, ordenar información y acelerar decisiones, sin embargo hay un peligro: La IA siempre responde con seguridad… aunque esté equivocada. Puede sonar profunda sin realmente comprender lo que está pasando. Puede producir contenido sin necesariamente generar impacto. Y, sobre todo, puede volvernos dependientes de ella si dejamos de hacer nuestra parte como humanos: sentir, observar, interpretar, cuestionar y decidir.

Por eso, frente al crecimiento de la inteligencia artificial, hoy se vuelve más necesaria otra IA: la inteligencia apreciativa. Algo que por cierto, una máquina aún no puede hacer.

Tojo Thatchenkery y Carol Metzker, autores del libro Appreciative Intelligence, la describen como una inteligencia que va más allá de la lógica. Es la capacidad de ver algo que aún no existe, transformar una posibilidad en acción y encontrar el bien en los lugares más insospechados. Se trata de detectar valor donde otros solo ven problemas, leer mejor la realidad y encontrar oportunidades que todavía no son evidentes. En una empresa, la inteligencia artificial puede ayudar a procesar datos. Pero la inteligencia apreciativa ayuda a entender personas, a crear oportunidades y a dar sentido a lo que hacemos.

La inteligencia artificial puede sugerir, pero nunca debemos dejarla decidir. La inteligencia apreciativa permite distinguir las cosas que tienen sentido para la cultura, el momento y la realidad del equipo. La inteligencia artificial puede acelerar el trabajo. Pero la inteligencia apreciativa evita que corramos más rápido hacia el lugar equivocado.

El gran reto de las organizaciones no será usar más IA, sino pensar mejor con ella. La ventaja no estará en quien copie y pegue más rápido, sino en quien sepa hacer mejores preguntas, detectar riesgos más rápido, leer emociones, conectar ideas y tomar decisiones con criterio.

La IA no debe sustituir tu pensamiento sino ponerlo a prueba. Y tal vez esa sea la conversación más importante del momento: no cómo hacer que la tecnología piense por nosotros, sino cómo lograr que las personas vuelvan a pensar con más profundidad, más conciencia y más sentido.

TOBSA: rumbo estratégico hacia 2027

Gálika estuvo con TOBSA, empresa distribuidora de las marcas Suzuki y Can-Am, acompañando a su equipo en el proceso de Planeación Estratégica 2027.

Durante la sesión se trabajó en la definición del rumbo de la empresa para los siguientes 18 meses, alineando prioridades, retos, oportunidades y objetivos clave. Más que construir un documento, el objetivo fue generar claridad compartida: hacia dónde va la organización, qué necesita fortalecer y qué decisiones deben tomarse para avanzar con enfoque, disciplina y visión de futuro.

Este tipo de espacios permiten que los equipos directivos se detengan, conversen con profundidad y conviertan la estrategia en una guía real para la acción.

 

Radar Gálika: Preguntas incómodas más allá de la superficie

Esta quincena ponemos el radar sobre la forma en que tu organización está usando la inteligencia artificial.

Porque la tecnología puede acelerar el trabajo, pero no necesariamente elevar la calidad del pensamiento.

  • ¿Has usado la IA para cosas que sabes que no deberías usarla?
  • ¿Estás dejando que tu equipo use la IA para pensar mejor o para dejar de pensar?
  • ¿Qué decisiones importantes se están tomando con respuestas rápidas pero poco cuestionadas?
  • ¿Qué capacidades humanas necesitas fortalecer para que la IA no sustituya el criterio, la conversación y la responsabilidad?
  • ¿Tu organización está desarrollando inteligencia artificial o también inteligencia apreciativa?

El espejo del líder: Por qué tu equipo de trabajo no se acelera solo

Hoy te quiero dar una “pedrada” necesaria: Si quieres cambiar a tu equipo, debes estar dispuesto, primero, a cambiarte a ti mismo.

En mis primeros 15 años de consultoría con Gálika, he confirmado una verdad incómoda: el líder es, normalmente, la fuente principal de la problemática y no la víctima de la situación. Tu equipo es un reflejo de tus omisiones, de tus miedos y, sobre todo, de tu falta de enfoque en lo fundamental.

El error de querer correr antes de caminar

Casi todos los clientes llegan a nosotros queriendo mejorar el Desempeño (la punta de nuestro modelo). Quieren más ventas, más eficiencia, más rapidez. Pero el desempeño es una consecuencia, no una causa.

Para que un equipo dé resultados sostenibles, hay que dar un paso atrás y revisar lo que yo llamo la “Canasta Básica”: los tres elementos que sostienen a cualquier grupo humano de alto impacto.

1. Conexión: Antes que roles, somos humanos

Muchos líderes creen que la “seguridad” es un lujo. Timothy Clark nos enseñó que la Seguridad Psicológica es un proceso secuencial: si tu gente no se siente incluida o segura de cometer errores para aprender, jamás llegará a la etapa de retar el statu quo para innovar.

  • Tu responsabilidad: Deja de ver a tu equipo como engranajes de una máquina. Sin una conexión humana real y un ambiente de confianza (esa variable que Stephen Covey dice que afecta directamente la velocidad y los costos), no hay resultados que duren.

2. Claridad: El antídoto contra el caos

Como bien señala el experto Jon Katzenbach, la diferencia entre un grupo de trabajo y un equipo verdadero radica en la autonomía y la responsabilidad colectiva hacia un objetivo claro.

  • Tu responsabilidad: Asegúrate de que tu equipo tenga certeza en sus cuatro anclas: Objetivos, Propósito, Estrategia y Roles. Si tú no tienes claridad, ellos solo tienen esfuerzos dispersos.

3. Contribución Individual: El talento en su lugar

No se trata de tener a los mejores, sino de tener a las personas adecuadas en las posiciones adecuadas.

  • Tu responsabilidad: Fomenta la complementariedad. Un líder que no conoce las fortalezas y debilidades de su gente (y las propias) está jugando a ciegas.

Deja de ser la víctima

Es muy cómodo sentarse a esperar que el equipo “madure” por arte de magia. Pero la realidad es que el liderazgo requiere aceptar “costos” que van más allá de la recompensa económica. Requiere un Propósito de servicio real.
Si dejas de actuar como víctima de las circunstancias y asumes tu rol como arquitecto de la cultura de tu equipo, las cosas empezarán a moverse.

En Gálika tenemos el mapa para acompañarte, pero el primer paso frente al espejo te toca a ti.

Porque recuerda: esos equipos no se van a acelerar solos.